¿Por qué hacemos mal nuestro rol de padres?


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No cabe duda que TODOS los papás y mamás lo hacemos mal… Algunos lo hacen peor. A pesar de eso, nuestros hijos terminan siendo fantásticos. No te sientas mal, me refiero a que como el dicho aquel “los hijos no traen un manual debajo del brazo”, no nos queda otra que ejercer a la fuerza y muy probablemente con modelos aprendidos llenos de “mañas” adornados con paradigmas de uno u otro lado que la sociedad nos inyecta, con tal de minimizar errores de crianza, y que muchas veces lo que hacemos es empeorar en el intento.

¿Cuál es la diferencia? Ser padre es el mejor rol que podemos ejercer, sin embargo como en los otros roles, se necesita FORMACIÓN para minimizar errores y potenciar un mejor producto en ellos: nuestros tesoros. Hay unos padres que quizás por haber reconocido que nuestros modelos “aprendidos” no han sido precisamente lo mejor, o porque dudamos de tantos paradigmas cambiantes en el modo de ser papá o mamá, o quizá porque al crecer nuestros príncipes evidenciamos que “algo no está bien”, entonces decidimos INVERTIR EN NUESTRA MENTE, batallar conjuntamente para SER mejores personas y así no lamentar luego las consecuencias.

La mayoría sin embargo hace lo mejor posible para edificar la persona de su hij@ pero sin cambiar la propia; tal vez considera que su forma de castigar o de “proteger”, de gritar o de callar es la correcta y no necesita una que otra directriz objetiva. Todos los padres quieren a sus hijos, pero no todos sabemos quererlos. Todos protegemos a nuestros hijos del dolor y el sufrimiento, pero no les permitimos lecciones para formar el carácter frente a decisiones futuras responsables.

Todos enfocamos el presente como para que “no les falte nada” pero no visualizamos su futuro entrenando alas fuertes para volar bien alto, de modo que corren el riesgo de estrellarse en su primer intento y quizás puedan volar pero tan bajo que nos aterra ver cómo tropiezan. Todos sentimos que de niños no evidencian grandes dificultades porque obedecen y estudian más o menos bien y nos sorprende que al adquirir la búsqueda propia de la adolescencia, “se nos salen de las manos” y exhiben conductas extravagantes, agresivas y absolutamente irresponsables. Es ahí cuando acudimos a “terapeutas expertos” que sin importar lo que cuesten, esperamos que saquen la varita mágica para arreglar lo que hemos deformado. Atiendo consulta de padres con problemas serios y la causa constante de lo que lamentan, es IGNORANCIA. Todos admiten haberse equivocado y ya nada puede hacerse que eche el tiempo atrás.

Todos quieren “consejos” mágicos que resuelvan las crisis profundas de identidad y de resultados como si fuese fácil demandar enfoque académico responsable o rescatar de adicciones peligrosas. Aquí es donde reconocen un rol paterno difuminado, un enfoque durante años en lo profesional y laboral con descuido en lo familiar, una estrategia no consensuada entre los dos para educar, formar, amar y corregir pero si criterios distintos y distantes que tanto daño han hecho en ellos…

Papá y mamá. Aprendí que los hijos son moldeables, que son ustedes quienes harán en buena parte lo que ellos serán y si no lo hacen, lo moldearán sus amistades, el internet, los medios, los criterios ajenos… Quizás no es lo que queremos. Dicto conferencias y cursos con muy escasas audiencias, obviamente porque no es su prioridad. Las “escuelas de padres” en los colegios carecen de asistentes pero se llenan de excusas “simples”, cuando deberían estar abarrotadas de papás y mamás ávidos de herramientas para no delegar lo indelegable.

Mi único consejo es: No dejes al azar lo que está en juego: el futuro próspero y feliz de sus tesoros. Asiste a las reuniones de “padres” de familia (no de mamás únicamente), involúcrate seriamente en aprender de otros (que sepan) lo que necesitas reforzar, asiste a conferencias, cursos, talleres, lee no solo de cómo cambiar el pañal y sacar los gases, sino también de cómo educar la voluntad, el carácter, cómo ejercer la autoridad en el amor, cómo enfocar la estructura psicológica, afectiva y sexual en cada etapa de su crecimiento, cómo fortalecer la responsabilidad y los valores que le harán un adulto que agregue valor, pero por sobre todo, cómo potenciar su FELICIDAD en los roles (de pareja, laboral, profesional, etc.), que como ciudadano futuro deberá afrontar.

¿Acaso no es suficiente razón para ocuparnos en mejorar nuestros criterios y recursos de crianza, fortalecer nuestros complementarios roles de papá y mamá, aprender a pelear sin que ellos se enteren, saber corregir sin castigar o gritar, fortalecer su autoestima y autoconfianza tan evidentemente debilitada en nuestra juventud, motivar hábitos saludables y positivos, etc…?

Esta es una carrera que no termina, pues SIEMPRE seremos su papá o su mamá. Luego seremos los abuelos para sus hijos y nuestra labor persistirá. Si Dios permitió que bajo nuestra responsabilidad crecieran SERES preciosos pero vírgenes para que de ello sacáramos un adulto fuerte y maduro, ¿Por qué no hacerlo un poco mejor? Hagámoslo un poco mal, pero no tan mal, no a “nuestro modo”… ¿Acaso no es mejor PREVENIR que LAMENTAR?

Para hacerlo mejor, invito a quienes lo quieran ser, a quienes lo sean y a quienes serán abuelos luego, que acepten información de buena fuente al respecto de CÓMO SER MEJOR PAPÁ o MAMÁ, que asistan a eventos, que se dejen contagiar de los esfuerzos que los colegios de sus hijos hacen para educar en equipo… Nuestra misión en pro de la familia nos obliga a seguir compartiendo conocimientos, tips, testimonios y cátedra al respecto a través de artículos, conferencias y seminarios al respecto. NO TE LO PIERDAS; tus hijos te necesitan bien preparado…