Nairo no tiene que ganar


Nuestra cultura suscita un afán TRIUNFALISTA que empuja a nuestros deportistas hacia una encerrona absurda: GANAR o GANAR. No hay otra opción, pues si es segundo, o si tropieza, o si otro le muestra los dientes: “qué torpe” “mucha g…”

Sabemos que Nairo Quintana cuenta con el talento preciso, que con su fantástico equipo han diseñado un PLAN PERFECTO, además, tienen una estrategia de equipo quirúrgicamente esculpida durante meses y la mejor sensación de estar preparados y listos para el gran reto del año. Pareciera que no hay nada al azar y que humanamente TODO está resuelto para el único objetivo: CAMPEÓN.

Nuestros deseos no podrán ser distintos y obviamente añoramos la victoria. Solo la victoria. Esa especial manera de apropiarnos del éxito ajeno evidenciado en el grito: “ganamos” desconoce el sacrificio de quienes sudan de verdad la camiseta, de quienes arriesgan todo en una competencia durísima hasta el extremo, de quienes nos representan como héroes no solo por sus resultados, también por su gallardía, tesón, sacrificio, capacidad de lucha y competitividad. Pues bien, cuando digo que Nairo no tiene que ganar el Giro Centenario o el Tour de Francia, me refiero a que el RESULTADO nunca será una certeza. Esto es debido a la premisa que dice: “NOSOTROS NO ESTAMOS EN CONTROL. Solo controlamos las acciones, los comportamientos, el presente, pero las circunstancias que emanan de esas acciones, están controladas por los principios”.

¿Cómo así? Claro, el futuro no existe, solo el presente. Lo que hoy hacemos es lo único que está bajo nuestro control, obviamente si esto que hacemos se alinea con un objetivo propuesto, con el escenario futuro, las probabilidades de que aquello suceda cuando el futuro sea presente, son mucho más altas, de hecho, son reales. Es precisamente esa incertidumbre del resultado futuro lo que lo hace placentero e interesante. Si supiéramos con certeza quién ganará, no tendría sentido ni despertaría algarabía, curiosidad, y no sería emocionante al extremo cada competencia deportiva o cada apuesta futura.

De ahí que es muy importante un PLAN de ACCIÓN para triunfar, pero los resultados de ese plan no dependen exclusivamente de lo que haremos. Esto aplica al mundo corporativo y a nuestro proyecto de vida personal. Un PLAN será la clave para procurar resultados extraordinarios, pero aún así éstos no son certeza absoluta. Hay PRINCIPIOS UNIVERSALES que son ajenos a nosotros, que operan sin nuestro consentimiento o aceptación, que gobiernan la efectividad humana, y éstos principios determinan circunstancias a veces inexplicables que podrían cambiar el curso y los resultados. Es aquello que algunos equivocadamente llaman LA SUERTE.

Así como nuestro Nairoman no tiene que ganar nada porque ya es un CAMPEÓN, un ejemplo de coraje y competitividad, tu y yo también somos ganadores simplemente cuando diseñamos y ejecutamos un plan para triunfar. Si tienes un método para lograr lo que deseas, si pones acción al respecto, claro que incrementarás las posibilidades de logro. Aún así, habrá algunas metas que no alcances y eso no te hará un perdedor. Eres un campeón y te invito a reflexionar lo que nos enseña el mundo deportivo, la lección de estos titanes sobre cómo triunfar: talento + entrenamiento + método + trabajo en equipo + coaching + trabajo duro + paciencia + disciplina + humildad + coraje + sacrificio…
Es decir, todo lo que valga la pena lograr, requiere planear, ejecutar, coraje, persistencia y ACCIÓN.