CUIDADO: DEPREDADORES EN LA CARRETERA

¿Has visto en Nat Geo o en cualquier otro documental, cómo los cocodrilos se agazapan bajo el agua sin ser vistos, esperando el paso obligado de miles de cebras o ñus para ir cazando una que otra presa grande? Es un festín macabro, pero sin duda, LA NATURALEZA ES ASÍ:

Una lucha por la supervivencia entre predadores y presas; así, las grandes migraciones salvajes en África son una fantástica probabilidad de comer solo dos veces en el año, y eso no implica que los depredadores sean los vivos y las presas los bobos…

Pues bien, este domingo de pascua, en nuestra gran migración “retorno” de semana santa, pude vivir algo muy parecido que les contaré:

Circulamos miles de vehículos por nuestras carreteras y también miles de policías hacían esfuerzos por asegurar el orden en la “operación retorno”. Sin embargo, solo algunos hicieron lo que más les gusta: agazaparse tras una curva desde donde, sin ser vistos, pueden observar con claridad cómo uno que otro de los miles “da papaya” para ser cazado 100 metros adelante.

Cuatro horas de recorrido y fui víctima aleatoria de ese perverso modelo: conducía en fila interminable y tras varios minutos represado por un gran vehículo en pésimas condiciones, fui perdiendo la paciencia.

Como a cualquiera le habría podido suceder, me atreví a adelantarlo en línea continua; por supuesto con la debida precaución e incluso con la ayuda de su conductor, que me instó a hacerlo como solidariamente lo hizo con muchos, pero con una desafortunada circunstancia: lo hizo precisamente donde los cocodrilos me veían como presa vulnerable, y fui elegido.

Evidentemente cometí una infracción al reglamento de tránsito. Pasada la curva fui invitado a detenerme y con un saludo “muy cortés”, quizás macabro frente a la consabida conclusión, comenzó la presión para ver si cedía a su estrategia, por todos conocida: facturar en el día lo que quizá en un mes “normal” o de sequía no es posible.

Un bonito pero infame negocio. Soy conferencista y en medio de una cultura de flagrante corrupción hago esfuerzos por transformar esos pensamientos inadecuados nuestros donde la “astucia social” prevalece al respeto y transparencia moral, por otros de mayor responsabilidad individual y social.

En fin, desde hace 12 años no había tenido comparendos, eso sí, un leve accidente donde fui objeto de tres mafias: policías de tránsito, grúas y ambulancias, que confabularon un aparente juego de hienas donde caí sin salida aparente.

Es por ello que cuando en un retén móvil esculcan al detalle la manera de justificar una infracción; estoy convencido de que lo hacen no precisamente para emitir un comparendo sino para “sacar tajada” en ese cómplice juego con conductores éticamente débiles, es decir, tengo la convicción de que es una forma de ATRACAR conductores obteniendo entre 20 mil y 50 mil por cabeza ante la amenaza doble: por un lado, de una multa cuadruplicada al menos, y por otro la de medio día o uno entero de diligencias agobiantes…

Como es lógico no cedí ante la insistencia de la severidad de la multa por parte de los cocodrilos verdes y entonces fui sometido al siguiente nivel de presión: 20 minutos de espera sin ningún resultado, ante la excusa de que no podían hacer el comparendo electrónico (yo no sabía que ahora es así) que sospecho como una maniobra dilatoria e intencionada, pues debe ser más ágil que un procedimiento manual.

Fueron 30 eternos minutos, y habrían sido más sin mi insistencia de proceder con el comparendo “electrónico”. Al final tuve que irme sin ningún soporte, pues según ellos “no se pudo imprimir”… Obviamente yo acepto mi error y merecí la multa, pero la forma de “pescar incautos” y la presión ejercida, más la vulgar y corrupta ganancia ante el soborno, generalmente aceptado por las partes, me suscitan la reflexión de que vivimos inmersos en una cultura astuta.

Una idiosincrasia donde jugamos a “el vivo vive del bobo” o “papaya puesta, papaya partía”, algo así como si ser honesto y ético pareciera de tontos. En otras palabras, la honestidad es vista como una debilidad, una flaqueza, una cierta inferioridad en la dura supervivencia.

. ¿Acaso no debería ser distinto? Si cumplo la regla, nada temo, nada sucederá, si no la cumplo, simplemente tendré que responder ágilmente y sin contratiempos. ¿Por qué entonces no sobornar al agente para “sacarla barata” es visto por muchos de mi entorno como una torpeza? ¿Soy acaso el menso del paseo?

Los que hemos decidido no sobornar e ir a hacer el curso y someternos a perder al menos medio día y que por supuesto somos pocos, ¿casi estamos en extinción?










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