Cómo ser el mejor coach de sus hijos (Primera parte)


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Sin duda, la mayoría de papás y mamás sentimos que “algo falta” a nuestro rol de líder en casa, fundamentalmente cuando percibimos en ellos conductas no esperadas, quizá un berrinche, una altanería, respuestas groseras, desobediencia, incluso rendimiento escolar inapropiado para los esfuerzos… Es ahí cuando nos escuchamos decir: ¿Qué he hecho mal como papá?

Cabe decir que hay una premisa para la crianza que muchos no sabemos: “los hijos son absolutamente moldeables”. Esto sugiere que hoy son lo que yo he hecho o lo que he dejado que “otros” hagan de ellos (publicidad, amigos, TV, internet, redes sociales, colegio, etc.…) y cuando nosotros no aseguramos que nuestra influencia sea la que proponga su talante comportamental, permitimos que influencias externas muy seguramente “no compatibles” con nuestra expectativa de futuro, sea la que moldee su comportamiento. De ahí que bien vale la pena revisar algunas de nuestras responsabilidades como coach de nuestros hijos:

1. YO SOY SU LÍDER: Un rol indiscutible e inevitable que demanda comportarnos como tal. Solo mencionaré 2 de sus características que iremos desarrollando en próximos artículos:

a. RELACIÓN: Basada en la confianza pero con un claro ejercicio de la “autoridad” donde la influencia sea necesariamente en dirección de padres a hijos y no al contrario, donde se establezcan claros límites y normas y su incumplimiento tenga un balance adecuado de consecuencias, donde se refuerce el respeto por toda imagen de “adulto”, autoridad, persona, normas, etc. Esta relación refuerza la autoestima y propone comportamientos asertivos para vivir socialmente con éxito.

b. COHERENCIA: Muchos padres me dicen “El no me escucha” y les creo… Quizás el discurso sea muy elaborado y de incomprensible altura ética para su edad y no lo entiendan; Quizá por ser ya adolescentes no quieran escuchar “sermones”, pero si de algo no hay duda es que TE ESTÁN MIRANDO… Ese es el mejor discurso de ética, de moral, de civismo, de responsabilidad, de honestidad, de piedad, de respeto, de fidelidad, de cuanto valor quieras inculcar en sus vidas. Tu HACER será la mejor (o peor) lección.

Nuestras hijas buscarán un hombre que las trate como tratamos a “su madre”; conducirán vehículos tal como veían mi comportamiento al volante. Así los empujaremos a una conducción prudente o a una conducción de alto riesgo. Atenderán negocios según oían nuestro “modelo” cuando hablamos con alguien, serán ciudadanos de la talla en que vieron mi actitud frente al estado, a las normas, a la ciudad, a los vecinos… Enséñales a vivir como ejemplo social y familiar todo el tiempo y si para eso necesitas también hablar, hazlo… Tu vida diaria será la mejor lección recibida.